31/5/09

CAROLINA FERNÁNDEZ EN TORNO A LA ANTOLOGÍA

Peregrinaje y migración, mis primeras impresiones …

Por Carolina o. Fernández


Madrid: una ciudad muchas voces. Antología de poesía hispanoamericana y española publicada por la ONG Promoviendo en Marzo del 2009 constituye una compilación de poemas de un conjunto de poetas de nacionalidad peruana, chilena, argentina, cubana y española, todos y todas residentes en Madrid. Poemas de viaje, de amor y desamor en el no lugar de las urbes, del nacer y el morir desterritorializando las fronteras, poemas nómadas.


Una sucesión circular de cantos que comienzan con la ayacuchana Nora Alarcón, el yo poético que construye viaja con dolor al vacío, a “galope sin estribos/en un zaino desbocado de vacío”, para morir como aquel o aquella que desangra bebiendo un cúmulo de sueños compartidos. El dolor arrecia en un yo que se transmuta en un tú.

El poema “Agua” es la suma de trozos encadenados como una frontera más allá de un lugar sin nombre. El autor de este poema, Julio Espinoza Guerra, poeta nacido en Santiago de Chile, construye un enunciante que viaja más allá del mar, del río y la muerte. ¿Cual es ese lugar más allá de la muerte? Si no “la realidad (que) se asfixia en la palabra”, palabras que aprisionan y subyugan; palabras que ignoran que “debajo del río/hay otro río”.

Eduardo Fariña Poveda, otro joven poeta chileno, construye un yo poético caminando por la memoria de una infancia muy cercana, una infancia que goza con sorpresa y una sonrisa la arboleda soleada de los parques. “Cantos de inocencia” afirma el enunciante, cantos que más tarde mutarán en crecidos caminantes “afilando el dardo de la muerte”. Se marcha la sonrisa de las primeras juventudes, pero no para siempre, volverán a la memoria los inolvidables parques para “rondar el propio jardín”.

“Los hijos del cobre/ salen del centro de la tierra”. “Salen del centro de la tierra/a conquistar el aire,/ a perforar el sol con sus puños minerales/ y sus llantos silenciosos”, así se inicia el poema “Tren de las nubes”, del poeta Rodrigo Galarza de nacionalidad Argentina, poema “dedicado a los niños trabajadores del pueblo minero de San Antonio de los Cobres que aguardan la llegada del tren para vender artesanías”, niños trabajadores que muchas veces son arrancados de sus lugares de origen como tantos niños de los andes y de las urbes de nuestra América Latina para aportar a la economía familiar y supervivir en un medio que no ofrece igualdad de oportunidades para todos.

Miguel Pastrana, poeta nacido en el Puerto de Santa María, Cadiz, España, (poeta autodidacta), en el poema “Venecia” construye un enunciante que también viaja por la memoria para volver a habitar el bello y viejo balcón de su “Venecia portuguesa” de la infancia en Aveiro, “Venecia tamizada por Tennessee Williams” nos dice el poeta, sin góndolas ni gondolores, pero con una luz propia, “un balcón abierto”, “un crisol de madera”. El yo poético viaja nuevamente a un pasado más reciente, Madrid, una ciudad sin palacios flotantes, con el frío del asfalto, el dolor de los migrantes y “meadas en las esquinas”; pero Madrid es también una Venecia cálida, abierta en la madrugada de los sábados. Abierta para el amor. “Tuvimos una tregua en el combate (afirma)/ que es el vivir. Ahora nos regresa/ a trincheras distintas,/donde silba la Parca con voz suave/ y es cada bala un nombre.”

Esta mañana he asistido/ a una rebelión infame de mis zapatos,/víctimas proclamadas de mi indecisión,/que, quemados en el asfalto de la anónima urbe,/ cansados de correr sin rumbo fijo/y prisioneros de unos pies toscos pero sin complejos/han dimitido. Poema de la peruana Jessica Zorogastúa, es un poema del/la migrante que tirita en soledad bajo la lluvia, de los pasos de la niña que crece a veces vacilantes, otras audaz e irreverente ante la vida. Viaje por la memoria para no olvidar. Pasos que sorprenden al yo poético, por sus huidas de si misma, de la inocencia, de “la vastedad de tu mirada”; pasos sabios, de buen talante, pasos solitarios, pálidos ante la incompletud del ser.

Poemas del vivir y el morir, viajes por la memoria, el tiempo, viaje por las ciudades surfeando con palabras, con “Airado verbo” nos diría Juan José Soto Bacigalupo, iracundas palabras en “Este siglo entero de sangre/ De tardío alumbramiento”, mas, la poesía es la “Llave maestra” de los cuerpos que naufragan en un presente tan incierto como las palabras.

Carolina o. Fernández, poeta e investigadora peruana, ha publicado los poemarios: Una vela encendida en el desierto y un gato negro me hace un guiño. Sobre discurso, cultura y poder: La letra y los cuerpos subyugados (dedicado a la narrativa escrita por mujeres y afrodescendientes en el Perú y Ecuador en particular: Canto de Sirena y Juyungo); Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina. Poéticas de la violencia y de la crisis, libro en el que desde una perspectiva dialógica explora la producción discursiva de Asunta y Gregorio Condori Mamani, María Elena Moyano, los diarios de Arguedas, la poesía kichwa de Ariruma Kowii, el Infarto del alma de Diamela Eltit y Paz Errázuriz. Viene trabajando la poesía indígena contemporánea y está organizando la muestra denominada: Poéticas de las ausencias y las emergencias. Es profesora en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, Perú.

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